Respuesta breve: El injerto óseo es un material natural o sintético que se coloca en las zonas en las que el hueso maxilar es insuficiente y que actúa como andamio para la formación de hueso nuevo; en el lenguaje común se conoce como polvo de hueso. Se utiliza sobre todo antes de un implante para aumentar el volumen óseo, para preservar el hueso en el alvéolo tras una extracción y en las elevaciones de seno. El tiempo de cicatrización varía según el tipo de intervención y suele oscilar entre unos pocos meses y nueve meses.
Después de extraer un diente, el hueso maxilar que lo rodeaba se va adelgazando con el tiempo y pierde altura. Esto puede provocar un problema de falta de hueso en las personas que quieren colocarse un implante años más tarde. El injerto óseo, o polvo de hueso en el lenguaje común, es el nombre general de los materiales que se utilizan en estos casos para recuperar o conservar el volumen del hueso. En este artículo tratamos qué es el injerto óseo, sus tipos, en qué casos es necesario, cómo se realiza, cómo es la recuperación y cuáles son los posibles riesgos.
¿Qué es el injerto óseo?
El injerto óseo es un material que se coloca en las zonas del hueso maxilar con pérdida de volumen o de altura y que sirve de andamio para que el organismo produzca hueso nuevo. El injerto no se comporta por sí solo como un bloque de hueso permanente; crea, en la zona en la que se coloca, una estructura hacia cuyo interior pueden avanzar los vasos sanguíneos y las células óseas. Con el tiempo, el organismo remodela en gran medida este andamio con su propio hueso.
Los materiales de injerto suelen presentarse en forma de gránulos o polvo; de ahí la expresión «polvo de hueso». En algunos casos también pueden utilizarse injertos en forma de bloque. Para que el injerto permanezca en su sitio y evitar que el tejido de la encía crezca hacia la zona injertada, muchas veces se coloca encima una membrana protectora. Este enfoque se denomina «regeneración ósea guiada».
¿Cuáles son los tipos de injerto óseo?
Los injertos óseos se dividen en cuatro grupos principales según su origen, y cada uno tiene características diferentes:
- Injerto autógeno: Es el hueso que se obtiene del propio cuerpo del paciente, normalmente de otra zona del hueso maxilar. Como contiene células vivas, se considera valioso desde el punto de vista biológico; sus inconvenientes son que requiere una segunda zona quirúrgica y que la cantidad que se puede obtener es limitada.
- Aloinjerto: Es hueso de origen humano procedente de bancos de tejidos, esterilizado mediante procesos especiales y convertido en un material seguro. No requiere una segunda zona quirúrgica.
- Xenoinjerto: Es una estructura ósea mineral, generalmente de origen bovino, de la que se han eliminado los componentes orgánicos. Como se reabsorbe lentamente, se elige con frecuencia para mantener el volumen durante mucho tiempo.
- Injerto aloplástico (sintético): Son materiales fabricados en laboratorio, como los compuestos de fosfato de calcio y el vidrio bioactivo. Pueden ser una opción para los pacientes que no desean que se utilicen materiales de origen animal o humano.
En algunos tratamientos pueden utilizarse varios tipos de injerto a la vez. El material que se elige lo determina el médico según el tamaño de la pérdida ósea, la anatomía de la zona, el tratamiento que se va a realizar y las preferencias del paciente. Si por motivos de creencias o personales no desea que se utilice material de un origen determinado, es importante que lo indique antes del tratamiento.
¿En qué casos se necesita un injerto óseo?
El injerto óseo suele ser necesario cuando el volumen de hueso es insuficiente para poder colocar el implante con seguridad o cuando se prevé que lo será en el futuro. Sus principales usos son los siguientes:
- Preservación del alvéolo: Colocando un injerto en el alvéolo inmediatamente después de extraer el diente, puede reducirse la reabsorción del hueso. Este procedimiento puede contribuir a que, más adelante, el implante requiera menos procedimientos adicionales.
- Ensanchamiento y elevación del hueso: En las zonas que llevan mucho tiempo sin dientes, el hueso que se ha adelgazado o ha perdido altura puede reforzarse con un injerto antes del implante o en la misma sesión que este.
- Elevación de seno: En la zona posterior del maxilar superior, tras la pérdida de un diente, la cavidad del seno puede expandirse hacia abajo y reducir la altura de hueso necesaria para el implante. Se levanta con cuidado la membrana del seno y se coloca el injerto debajo. El procedimiento puede realizarse con técnica cerrada o abierta, según la cantidad de hueso restante.
- Pérdidas óseas por enfermedad de las encías: En la enfermedad avanzada de las encías, algunos defectos óseos que se forman alrededor de los dientes pueden tratarse con técnicas regenerativas.
- Cavidades tras quistes y tumores: Puede utilizarse para favorecer la cicatrización en las grandes cavidades que dejan los quistes extirpados del hueso maxilar.
La necesidad de un injerto óseo se determina de forma fiable con la tomografía tridimensional. Las radiografías bidimensionales dan una idea de la altura del hueso, pero pueden resultar insuficientes para valorar su anchura.
¿Cómo se realiza y cuánto dura la recuperación?
La colocación del injerto óseo suele hacerse con anestesia local y, según el alcance de la intervención, puede durar una sesión corta o más larga. Se abre la encía para acceder a la superficie del hueso, se coloca el material de injerto en la zona con pérdida ósea, si es necesario se pone encima una membrana y se cierra la encía con puntos. Los procedimientos pequeños, como la preservación del alvéolo, pueden completarse en la misma sesión que la extracción del diente.
El tiempo de recuperación varía según el tipo y el alcance de la intervención:
- La cicatrización de la encía suele completarse en gran parte en una o dos semanas; los puntos se retiran, por lo general, durante este periodo.
- En la preservación del alvéolo y en los pequeños aumentos de hueso, antes del implante se suele esperar varios meses.
- En la elevación de seno y en los aumentos de hueso extensos, este tiempo puede ser más largo y, en algunos casos, prolongarse hasta nueve meses.
- En algunos casos adecuados, el injerto y el implante pueden colocarse en la misma sesión.
En los primeros días tras la intervención puede haber hinchazón, hematomas y sensibilidad. En este periodo, aplicar frío, seguir una alimentación blanda, evitar el tabaco y respetar las instrucciones de higiene bucal indicadas por el médico favorecen la cicatrización. A los pacientes a los que se les ha realizado una elevación de seno se les recomiendan medidas adicionales durante las primeras semanas, como no sonarse la nariz con fuerza, no estornudar con la boca cerrada y no beber con pajita.
¿Cuáles son los riesgos del injerto óseo?
El injerto óseo es un procedimiento habitual y previsible cuando lo realizan manos expertas y con una planificación adecuada; sin embargo, como toda intervención quirúrgica, conlleva algunos riesgos. Las posibles situaciones no deseadas son las siguientes:
- Infección en la zona de la intervención
- Apertura de la encía y exposición de la membrana o del injerto
- Reabsorción de una parte del injerto o que no se alcance la cantidad de hueso esperada
- Desgarro de la membrana del seno durante la elevación de seno
- Cambios de sensibilidad temporales o, rara vez, permanentes, por la proximidad del nervio en la mandíbula
El tabaquismo, la diabetes sin control y una higiene bucal insuficiente pueden aumentar algunos de estos riesgos. Por ello, antes de la intervención se valora su estado de salud general y se planifican las medidas necesarias. Si tras la intervención nota síntomas como aumento del dolor, fiebre, mal olor o secreción, debe acudir a su médico sin perder tiempo. Puede encontrar las respuestas a otras preguntas sobre implantes y procedimientos quirúrgicos en nuestra página de preguntas frecuentes.
¿Es posible evitar la pérdida de hueso?
Aunque no siempre es posible evitar por completo la pérdida de hueso, no dejar el espacio tras la extracción vacío durante mucho tiempo, tratar pronto las enfermedades de las encías y sustituir las prótesis mal ajustadas pueden reducir la velocidad de la pérdida ósea. Si antes de la extracción le indica a su médico que en el futuro se plantea un implante, se pueden valorar en la misma sesión las opciones para preservar el alvéolo.
Valoración por falta de hueso
Si renunció al tratamiento con implantes porque en su día le dijeron que «no tiene suficiente hueso», puede ser posible volver a valorar sus opciones con los métodos actuales de injerto y planificación. En nuestra policlínica de Park Oran Ofis, en Çankaya, Ankara, se examina su estructura ósea con ayuda de la tomografía y se le explica en detalle si es necesario un injerto y qué método es el adecuado.
Preguntas frecuentes
¿El organismo rechaza el injerto óseo?
Los injertos óseos son materiales que se han vuelto seguros y compatibles mediante procesos especiales; no se espera un rechazo del tejido como el que se da en los trasplantes de órganos. No obstante, pueden darse situaciones como una infección o que el injerto no se integre con suficiente hueso. Estos riesgos se reducen con la planificación y con los cuidados durante la recuperación.
¿Es doloroso el procedimiento del polvo de hueso?
Como el procedimiento se realiza con anestesia local, no se siente dolor durante la intervención. En los días siguientes puede haber dolor leve, hinchazón y sensibilidad. Estos síntomas se controlan por lo general con los cuidados y la medicación que indique el médico.
¿Cuándo se coloca el implante después del injerto?
Este tiempo varía según el tipo de injerto y el alcance de la intervención. En los aumentos pequeños puede esperarse unos meses; en la elevación de seno y en los aumentos de hueso extensos, un periodo más largo. En algunos casos adecuados, el injerto y el implante pueden colocarse en la misma sesión.




